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EL HOMBRE MELIFICADO

EL HOMBRE MELIFICADO

En la antigüedad se han empleado cosas muy raras como medicamento. Desde excrementos, hasta el humo de tabaco inserido en el cuerpo a través de un enema, pasando por el polvo de momia; o uno más cercano a nuestros tiempos, que empezó a emplearse a comienzos del 1900 hasta el 1930 aproximadamente, el agua radiactiva, conocida como el Radithor, que nos lo metían hasta en la pasta de dientes y en el chocolate.

¿Pero quién iba a pensar en la inocente miel?, conocida y utilizada desde tiempos remotos precisamente por su propiedades beneficiosas. Pues así es, en algunas ocasiones ha escondido en su interior un ingrediente medicamentoso añadido bastante peculiar, hoy lo llamaríamos, un “suplemento nutritivo” o algo así. Disuelto entre su meloso y dulce aspecto se escondía el cadáver de un anciano.

EL HOMBRE MELIFICADO

A pesar de que la existencia de este “medicamento” a veces se ha puesto en duda, hay suficientes referencias históricas que demuestran que ha sido elaborado y empleado precisamente con este fin, el de ser un medicina.

UNA LEGENDARIA SUSTANCIA MEDICINAL

El entero proceso de elaboración de este extraño medicamento viene relatado en una obra de la literatura china, de finales del periodo Yuan (1279-1368), concretamente del 1366, el “Nancun Chougeng Lu”, o “Retiro al campo”. Como el título indica, el autor, considerado entonces uno de los mayores sabios de aquel tiempo, lo escribió cuando se retiró a vivir a un lugar tranquilo a recordar y a escribir sus memorias.

Fue una obra de recopilación que duró aproximadamente 10 años, su autor fue Tao Zongyi, también conocido como Tao Jiuncheng, un eminente erudito de finales del período Yuan. En la obra, el autor, relata con detalle, todo lo que había oído y visto por los territorios del sur de China durante los años que había vivido allí.

El Chougenglu, como también se le conoce el libro, está escrito en un estilo de ensayo. Aunque el tratado muestra muchos aspectos de la sociedad, el escrito es una obra clasificada en la literatura china tradicionalmente como una novela, y no como un tratado propiamente histórico, ya que carece de un enfoque político.

Sin embargo se considera uno de los puntos de referencia más importantes en lo que se refiere a la vida política, social y cultural durante la dinastía Yuan, ya que ofrece una visión general, pero también detallada de las costumbres y acontecimientos que ocurrieron en las regiones del sur de China durante aquellas décadas anteriores a su retiro.

De particular interés son las narraciones sobre las usanzas en la vida urbana y campesina durante su época, donde narra las actividades cotidianas que solían hacer sus contemporáneos. Actividades laborales en los campos y en los pueblos, y también recreativas, como la pintura, poesía, canciones, y hasta óperas y obras de teatro.

De gran utilidad asimismo han sido las narraciones sobre los conocimientos médicos y las descripciones de los remedios naturales utilizados en aquella época. Entre ellos, la curiosa “miel”, enriquecida con las propiedades que ofrecía el cuerpo de un anciano, de la cual hablamos en este artículo. Según parece tal práctica remonta originariamente de una usanza entre la población árabe. En la cual un anciano árabe, próximo a la muerte, se ofrecía voluntario para ser melificado.

Este concepto de sacrificio y servicio a los demás era bien conocido entre la comunidad china, lo encontramos en el doctrina filosófica y espiritual budista, tan extendida en China ya en aquellos tiempos. Esta práctica ofrecía un medicamento especial, una miel venerable, considerada incluso sagrada, ya que sus propiedades curativas eran el resultado de un sacrificio humano voluntario. A diferencia por ejemplo de la carne y polvo de momia, que al contrario eran victimas silenciosas e involuntarias.

Hubo muchas ediciones diferentes del libro de Tao Zongyi, el más antiguo es un grabado de finales del periodo Yuan, y hay varios del periodo Ming (1368-1644). En 1958, la imprenta de Zhonghua Shuju, publicó una versión más moderna, basada en la versión original más antigua del periodo Yuan. El Chuogenglu está incluido en la serie de reimpresiones de los Siky y Sibu Congkan Sanbian.

Fuentes li xuegin, lu wenyu 1996, siku da cidian, changchun: Jilin daxue chubanshe, vol. 2 pág. 2152. Qiu Shusen 1992, “Chougenglu, en: Zhongguo da baike quanshu, Zhongguo lishi, vol. 1.pág.126. Beijin/Sanghai: Zhongguo da baike quanshu chubanshe.

EL SER HUMANO TRATADO COMO MEDICINA” UN CURA-SANA ANCESTRAL

EL HOMBRE MELIFICADO
Imagen de Li Shizhen Fuente: Huahuai Vitiligo Hospital

Así lo llamó en su famoso libro “Bencao Gangmu”, Li Shizhen, o Li shih-Chen, un doctor en medicina y farmacología, que vivió en la China del siglo XVI durante la dinatía Ming . Unos 200 años después del sabio Tao Zongyi del cual hemos hablado antes. Además de médico, era un experto herborista, especialista en medicina natural, y un destacado docto en la acupuntura tradicional china.

En su tratado médico “Bencao Gangmu”, libro sobre la medicina ambulante que se realizaba en aquella época, narra el proceso de melificación humana empleado por primera vez en Arabia. “El ser humano tratado como medicina”, como así lo llamó.

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Ejemplar del Benco Gangmu Fuente: Foto_Myko Sun

El “Bencao Gangmu” es un compendio de materia médica y farmacológica que le llevó 27 años de investigación, cuya publicación no llegó a ver. Li Shizen, también llamado Dongbi, escribió además docenas de libros médicos y vademécum sobre las hierbas medicinales, donde detalla con magnífica precisión los efectos curativos de las plantas.

No es de extrañar que fuera junto a Avicena, otro grande del conocimiento en este caso persa, uno de los puntos de referencia por excelencia sobre los conocimientos médicos, filosóficos y científicos para los griegos y romanos de occidente.

EN QUE CONSISTÍA EL PROCESO DE MELIFICACIÓN

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La human mummy confection, era una legendaria sustancial medicinal, elaborada en una base de miel, en la cual había sido macerado por cien años un cuerpo humano.

Esta legendaria medicina, estaba relatada en las más antiguas leyendas árabes. Por lo que las referencias que existen se refieren originariamente a una usanza entre la población árabe en sus lugares de origen, pero también en territorio chino, sin embargo no hay certezas que sea estada practicada entre la población china, aunque no se excluye.

Según narraban estas antiguas leyendas, algunos ancianos árabes, hombres y mujeres cercanos a la muerte, entre 70 y 80 años, se ofrecían voluntarios para ser el ingrediente medicinal para elaborar junto con la miel, esta melaza curativa, muy especial y también muy cara. Tan cara que era destinada sólo a los pocos que podían pagarla, generalmente personas de alta dinastía, emperadores y monjes de alto rango, aunque a veces se donaba una parte a los descendientes del voluntario difunto.

Los voluntarios que se ofrecían para ser melificados, iniciaban con un proceso de purificación, en el cual seguían una dieta exclusivamente a base de miel. Es decir, no consumían ningún alimento, ni bebían ningún líquido, ni siquiera agua. Sólo se alimentaban de miel.

Hasta que llegaba un punto que tanto el sudor, como los excrementos eran compuestos de miel. A esta estricta dieta, se le añadía un baño cotidiano a base de miel.

Generalmente después de algunas semanas, un mes aproximadamente, cuando el cuerpo del anciano ya estaba muy deshidratado por la falta de líquidos y además había sufrido una gran y rápida pérdida de peso corpóreo por las propiedades laxativas de la miel consumida en precedencia, llegaba el momento del fallecimiento.

Entonces era metido en un ataúd de piedra lleno de miel, en la cual era inscrito el mes y el año de la sepultura, y después era sigilado.Allí en su interior, el cuerpo reposaba en maceración durante aproximadamente un siglo, cien años.

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Transcurridos los cien años, el sigilo era abierto. El cuerpo generalmente se había disuelto en su totalidad, liberando así en la miel llamada en su lengua, “Mu-nai-i”, o melaza resultante todas sus propiedades curativas.

LA NOBLE MIEL QUE NUNCA CADUCA

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Como sabemos, la miel ha sido apreciada desde tiempos remotos. Nuestros antepasados prehistóricos ya la conocían y seguramente hasta realizaban excursiones a propósito para encontrar esta preciosa sustancia que elaboraban las queridas abejas.

En la “Cueva de la Araña” en Bicorp (Valencia-España), una pintura rupestre del mesolítico, es decir del 8.000 a 6.000 a. C, recrea una escena en la cual una figura femenina recolecta miel subida a un árbol, mientras las abejas revolotean a su alrededor.

En aquellos tiempos, os podéis imaginar, no era tan sencillo como ahora. Seguramente tendrían que seguir el rastro del vuelo de las abejas en la temporada de su mayor actividad, la primavera y el verano, hasta que encontraban la colmena. Después tocaba la recolecta del preciado manjar. Si era posible, tenían que ser capaces de recoger la entera colmena, o al menos la mayor parte.

No siempre estaría en un lugar accesible, seguramente tendrían que arriesgar, además de las picaduras, también rasguños, heridas y caídas, algunas veces graves o mortales. Como sabemos, las abejas tienden a colocar su colmena en lugares seguros, donde saben que el acceso es difícil, y así evitar que animales golosos les roben sus provisiones para el invierno. Los escarpados rocosos de difícil o imposible acceso, son sus preferidos. Resultan sólidos y seguros, más que la rama de un árbol, donde cualquier oso u hombre puede llegar sin esfuerzo.

Los ancestros se las ingeniarían para llegar hasta la colmena, colgándose, tal vez, de una cuerda improvisada hecha de lianas. Y todo por no tanta miel. ¿Os imagináis el riesgo? Ahora es mucho más fácil, colocamos cajitas en el jardín de casa, o mejor aún, abrimos un bote ya confeccionado.

Lo que es evidente es que la miel era tan apreciada que merecía la pena cualquier esfuerzo o riesgo. Además su difícil recolección y su escasa cosecha en aquellos tiempos, no hizo más que fuera aún más respetada y valorada. Por eso no es de extrañarse que se empleara no sólo como alimento nutritivo y dulce, sino también para usos aún más elevados, y creativos, como la base para un medicamento legendario.

Hoy sabemos que nuestros antepasados estaban en lo acertado, la miel es una sustancia extraordinaria, a excepción de una, la elaborada con la flor de la azalea.

El néctar de la azalea es venenoso para los humanos, aunque inofensivo para las abejas. La miel resultante es altamente tóxica, y hasta mortífera. En algunas fincas donde se recolecta miel, se tiene la precaución de desechar la miel después de la floración de dicha flor, y vaciar las colmenas, para dejarlas limpias de residuos tóxicos.

De hecho se cree que en la antigüedad se ha utilizado como veneno. Por fortuna la configuración de la flor de azalea hace difícil a las abejas la extracción de su néctar, así que las abejas prefieren otras flores.

Pero a excepción de esa, la miel tiene muchas propiedades terapéuticas. Los ancestros conocían de algún modo su poder antimicrobiano y antiséptico, por eso lo empleaban en las heridas para favorecer su cicatrización y prevenir las infecciones, como también para los resfriados, catarros y para la piel, por su acción suavizante y astringente.

Era un excelente conservante natural, ella misma no caduca, su alta concentración en azúcar, además del sabor dulce, proporcionaba un nivel bajo de humedad, por lo que no es de extrañar que en Egipto y Asiria, lo emplearan para la conservación de los cuerpos de los difuntos.

Agesilao II, rey de Esparta fue conservado en miel después de su muerte en el 358 a.C. precisamente para evitar la putrefacción del cuerpo durante su viaje desde Cirene una ciudad griega en la actual Libia a su ciudad natal Esparta. Unos años más tarde, en el 323 a.C. Alejandro Magno también fue sumergido en un ataúd lleno de miel después de fallecer, para ser trasladado desde Babilonia hasta Alejandría en Egipto.

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En Egipto y Asiria la miel la utilizaba no solo para conservar los cuerpos de los difuntos para los traslados, sino también para embalsamar los cuerpos, es decir momificarlos. De hecho, la resina con la cual sellaban los cuerpos, embadurnándolos, con frecuencia era compuesta de cera de abejas y miel, además de aceites y otras sustancias resinosas.

Testimonio de esta técnica en Asiria la encontramos en algunas referencias históricas de Eródoto, histórico griego de la cultura occidental que vivió entre el 484 y el 425 a.C. También existen indicios que muestran esta usanza en Birmania, donde para preservar los cuerpos de abates y monjes utilizaban la miel como conservante, pero no como medicina. Incluso se utilizaba como moneda de cambio o mejor dicho producto de cambio, para pagar los impuestos.

Así era de elevado su valor, imaginemos entonces, una miel que además tenía en su interior sustancias curativas provenientes del cuerpo donado para servir como medicina, de un anciano voluntario. ¿Quién sabe que poderes espirituales y curativos le atribuían? Lo que sabemos por las referencias históricas, era que curaba todo tipo de enfermedades y dolencias. Un cura-sana legendario.

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